¿Debo resignarme? O en cambio, ¿seguir soñando cada noche? Una y otra vez con la misma pared. Golpe. Golpe. Me levanto, con la clara idea de no volver a tropezar con ninguna piedra en el camino. Golpe. Esta vez me sangran las rodillas. Ha sido un poco mayor. Y yo me canso y me quedo echada en el suelo. Soy humana y ahora me gusta pensarme mejor las cosas.
Lo que está claro es que: son malos tiempos para los soñadores.
Pero no es hora de dejar de serlo.
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